miércoles, 24 de octubre de 2012

En torno a La niña de los fósforos A partir de 8 años

Conversación en torno a “La niña de los fósforos” de Andersen ([1])
(A partir de 14 años (¿?)

1.- Pedir a los niños todas las impresiones que han recibido mientras escuchaban el cuento
2.-  Pedir que nos relaten, ciñéndose lo más posible, con lindas palabras, la primera parte del cuento
Hacía un frío penetrante.  Nevaba y comenzaba a oscurecer.  Era la última noche del año, la víspera de Año Nuevo.  En medio de este frío y de esta oscuridad, una niña caminaba por la calle con la cabeza descubierta y los pies descalzos.  Al salir de su casa, llevaba zapatos, pero, ¿para qué le habían servido?  ¡Eran demasiado grandes!  Su madre los había usado hasta el último momento, y la niña los había perdido al atravesar corriendo la calle, para no ser atropellada por dos coches que pasaron a toda velocidad.  Uno de ellos fue imposible encontrarlo, y un muchacho corría con el otro en la mano, gritándole que le serviría de cuna cuando tuviera hijos.
       La muchachita avanzaba, pues, con los pies descalzos, amoratados de frío.

Mediador (M): 
·        -Descríbanme cómo iba la niña
·        -Cómo se sentiría la muchachita, esa noche de Año nuevo 
·        -¿Conocen ustedes un poema de Gabriela Mistral que dice:  Piececitos de niños/ azulosos de frío.?  Busquen una relación con las palabras del cuento

            Recojo literalmente una conversación que fue grabada años atrás en la biblioteca del colegio San Esteban con niños de un 5º año de enseñanza básica.
Mediador (M)
Asistente (A)
M.-  La niña va atravesando y el coche pasa muy rápido.  ¿Qué piensan ustedes del cochero?
A.1.- Fue imprudente.
M.-  Además de imprudente, ¿se puede agregar algo?
A.2.-  Fue bruto.
M.-  (Aludiendo al significado real de la palabra):  Estoy de acuerdo contigo.  Fíjate que a los animales se les dice brutos, y los hombres tenemos una parte animal.  Pero, ¿por qué tú lo llamas bruto al cochero?
A.-  Porque era una callecita, como un callejón, y va muy rápido, y entonces pasa la niña...
M.-  ¿Se puede agregar algo a esta opinión?
A.-  Yo creo que no tuvo compasión.
A.2.-  Yo me imagino que el hombre era muy  diferenciador.  Porque, por ejemplo, si pasa una niña así (haciendo mímica), bonita..., puede parar y la va a dejar.  Pero pasó una niña que era pobre, con vestidos medio raros, despeinada, y él dice (tono de burla): "Ahá, esta cabra chica...
A.3.-  Era descuidado.
M.-  Estoy de acuerdo con ustedes.  Pienso que el hombre no es capaz de sentir   lo que le pasa al otro. Le falta sen-si-bi-...
As.-  Sensibilidad.
            Con el mismo grupo, conversando sobre el muchacho que le lleva el zapato a la niña gritándole que le servirá de cuna cuando tuviera hijos:
M.-  ¿Qué significarían estas palabras del muchacho para la niña?  ¿Cómo las sentiría ella?
A.-  Eran como de burla.
            Nos alargamos sobre el tema de la burla.  En reiteradas ocasiones hemos tratado este tema, pues nos parece de interés muy particular el que los niños tomen honda conciencia de lo que ésta puede significar para la persona que, por una u otra razón, es objeto de burla durante un momento de conversación.
M.-  Una burla puede ser divertida;  pero estas palabras, ¿cómo serían para la niña?
A.-  A la niña la dañan.
A.2.-  Para ella es un insulto.
M.-  Claro, la burla graciosa necesita de uno que dice algo y de otro que entiende la burla y se ríe.  Hay una diferencia entre reírse de  la gente y reírse   con  la gente .
A.3.-  (un niño toma la palabra apasionadamente):  Quizás (el muchacho) no es tan bruto como el cochero, pero es un pelotudo (risas de algunos; el niño se dirige hacia unos profesores sentados atrás); perdonen la palabra, pero es un pelotudo, porque anda por la calle, con el bototo en la mano, gritando (usando tono estúpido de burla):  "Ahá, toma para que te sirva como cuna". Un pelotudo.
M.-  Yo te hallo toda la razón. Lo hallo un gran estúpido.



3.-  Pedir a los niños que, ahora, relaten la última parte del cuento
         A la mañana siguiente, en el frío rincón que formaban las dos casas, se hallaba  sentada la pequeña con sus mejillas sonrosadas y una sonrisa en los labios... muerta, congelada por el frío de la última noche del año.  La mañana de Año Nuevo se elevó sobre el pequeño cadáver, sentado al lado de los fósforos gastados... Los que por allí pasaron, dijeron:
         -Ha tratado de calentarse...
         Pero nadie, jamás, supo lo que ella había visto.  ¡Con qué gozo ella y su abuelita habían entrado en la alegría del Año Nuevo!
Pedir opiniones sobre palabras de transeúntes que pasan por la calle la mañana del Año Nuevo:
-Ha tratado de calentarse

4.-  Posible conversación sobre lo que es la pobreza y lo que es la miseria

FIN




[1] Cuento de Hans Christian Andersen en versión de Angélica Edwards Valdés,  PARA LEER, CONTAR Y CONVERSAR… Ediciones SM Chile S.A., 1996

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