miércoles, 24 de octubre de 2012


COSAS VISTAS

Entrego esta pequeña crónica a partir de lo observado en estos últimos días, desde Semana Santa (en que escuché dos charlas de Tony Mifsud, sacerote jesuita de origen maltés), pasando por la hora del cuento con niños de 5º B del Colegio Padre José Kentenich en que leímos LAS HADAS de Ch. Perrault, y luego la Hora del cuento hecha en CPJK a profesores y algunos apoderados venidos de otros colegios de Puente Alto.
La actividad a la que hemos denominado HORA DEL CUENTO (Editorial Universitaria), frase recogida de mis lecturas de hace cosa de 30 años en MAGISTERIO Y NIÑO, de Gabriela Mistral, ha ido tomando cuerpo y divulgándose silenciosamente  en diferentes bibliotecas y espacios culturales de Santiago. La Hora del cuento cumple una doble función:
a)      Contar es encantar (en palabras de Gabriela Mistral
b)      Conversar es acoger (en palabras de Humberto Ginnini)
Inicio siempre esta actividad con dos versos hermosísimos de José Hernández, que encabezan la segunda parte del Martín Fierro, y  que se han convertido en lema de horas del cuento,  en diferentes bibliotecas y centros culturales donde he tenido ocasión trabajar:

ATENCIÓN PIDO AL SILENCIO
Y SILENCIO A LA ATENCIÓN

La charla de Tony Mifsud, publicada por el Centro de Espiritualidad Ignaciana bajo el título SEMANA SANTA IGNACIANA, se centró en el tema de la distracción tratada en un capítulo titulado ANDAR DISTRAÍDO POR LA VIDA.  El autor define así la distracción:

Distracción es desviar la atención cuando se tiene que atender a algo específico; es no concentrarse en lo que se está haciendo.  Entonces, una distracción, en el fondo, consiste en perder de vista lo importante, confundiendo lo secundario con lo primario

Estas palabras ensancharon con creces mi pensamiento educacional del momento, dadas las últimas experiencias que he tenido en el breve curso de este año con un grupo de niños y niñas de un quinto de básica que viene a la biblioteca del colegio arriba mencionado. Relato una anécdota que resume la situación que me hizo pensar: un niño, durante la lectura que hacía del cuento, comenzó a hacer morisquetas a otros, lo cual desataba la risa del grupo.  Traté de ignorar el hecho, pero finalmente, como me distraía de lo que leía, le explique al chico que no podía concentrarme y que si su actitud se repetía, tendría que pedirle que saliera del grupo.  Éste volvió a lo mismo, y cumplí mi palabra  Al final de la sesión lo llamé y tuvimos una pequeña conversación:
Yo: ¿Comprendiste bien por qué te hice salir del grupo?
Él (sin mirarme, y molesto):  Yo no estaba hablando
Yo:  yo no te he dicho que estabas hablando, te expliqué que tus gestos al grupo me hacían perder la atención. (El chico insistía en que ni él ni los otros habían hablado)
.
Me he detenido en esta anécdota que me hizo volver a las palabras de Mifsud, andar distraído por la vida.  La distracción es un problema de todos nosotros: nos distraemos en las conversaciones, nos distraemos en una charla, nos distraemos frente al otro y casi no lo vemos.  Nos distraemos en la vida: caminamos sin ver aquello que nos rodea.  Hemos perdido la capacidad de asombro.
La atención, por oposición a la distracción, es una disciplina de vida. Nuestros niños chilenos no son educados en la atención.  Lo ha dicho en bellas y profundas palabras Gabriela Mistral, lo han dicho pensadores como Claudio Matte, Miguel Luis Amunátegui.  En general, en nuestras escuelas se enseña al niño a repetir, a memorizar, pero no se enseña a pensar, a reflexionar, a observar. No hacemos que de nuestras clases nazca la curiosidad, el deseo de saber más.

Esta reflexión mía sobre el andar distraídos por la vida adquirió nuevos matices en lecturas recientes de fragmentos del libro DESASOSIEGO, de Fernando Pessoa.  Encuentro en Pessoa profundas anécdotas que revelan su enorme capacidad de observar la vida a través de detalles mínimos. Una cosa que parece de nada, se convierte bajo la mirada del autor en un mundo. Así, la observación suya, puesta en palabras, da lugar a una profunda reflexión que nos permite acompañarlo en este entrar en la vida de lo pequeño, observar la vida del Otro, enriquecer nuestra vida interior. 
Entrego acá fragmentos de palabras suyas:

Voy en un tranvía, y voy reparando lentamente … en todos los pormenores que tengo delante de mí.  Para mí, los pormenores son cosas, voces, letras. En este vestido que la muchacha que está frente a mí descompongo el vestido … en el paño del que está hecho … , y el sencillo bordado que rodea la parte que contornea el cuello se me aísla en el hilo de seda con el que se bordó, y el trabajo que costó bordar.  … se desdoblan delante de mí las  fábricas y los trabajos  –la fábrica donde se hizo el tejido; la fábrica donde se hizo el hilo de seda- … veo las secciones de las fábricas, las máquinas, los obreros, las costureras, mis ojos vueltos hacia dentro penetran en las oficinas, veo a los gerentes intentar permanecer tranquilos … veo más allá la vida doméstica de los que viven su vida social en esas fábricas y en esas oficinas …
     Toda la vida social yace ante mis ojos
     Salgo del tranvía exhausto y sonámbulo.  Viví toda una vida social

La mirada del artista recrea el mundo a través de la palabra. La calle es la gran universidad de su vida
Cada vez que viajo, viajo inmensamente.  (…)  al pasar por delante de casas, de residencias, de chalets, voy viviendo en mí todas las criaturas que viven en ellas.  Vivo todas aquellas vidas domésticas al mismo tiempo. Soy el padre, la madre, los hijos, los primos, la criada, al mismo tiempo y todo junto, gracias al arte especial que tengo de sentir a la vez  varias sensaciones diferentes, de vivir al mismo tiempo –y al mismo tiempo desde fuera, viéndolas, y por dentro, sintiéndolas-las vidas de varias criaturas.(…) Creo personalidades constantemente.  Cada sueño mío pasa a encarnarse de inmediato, nada más aparecer soñado, en otra persona que pasa a soñarlo y que ya no soy yo.
Para crear me destruí;  tanto me exterioricé dentro de mí que en mi interior no existo sino exteriormente.  Soy la escena desnuda por donde pasan varios actores representando diferentes obras.
(Borges y Pessoa)

Volviendo a nuestras horas del cuento, actividad que ha motivado estas reflexiones,  quiero destacar la importancia de que en los grandes cuentos clásicos  se da permanentemente la preocupación por el mirar al Otro, salirse de uno mismo, observar el mundo que nos rodea. En ellos, la condición humana está  hondamente retratada.   La conversación en torno a los cuentos hace hincapié en este rasgo de la gran literatura universal

En esta línea, y con la mirada puesta en el deseo de educar para la vida, para no andar distraídos por la vida, en palabras de Tony Mifsud, hemos proyectado una HORA DEL CUENTO de relatos escritos por niños y niñas desde el segundo  hasta quinto de básica.  Se abrirá una especie de concurso al que hemos llamado JUEGOS LITERARIOS que se cerrará a fines de año, y cuyo tema hemos denominado:

COSAS QUE HEMOS VISTO

            Este nombre me  fue sugerido por el título de una obra de Victor Hugo:  COSAS VISTAS, bello libro que trata de observaciones y reflexiones hechas por el autor de       a raíz de lo observado en su vivir cotidiano.
            Los relatos de los niños pueden nacer de su observación de cosas sucedidas en la calle, en el mercado, en la casa, en el colegio, etc.
El objetivo de la propuesta es  educar a través de estos JUEGOS LITERARIOS el buen observar en torno a nosotros, el salir de nosotros mismos para mirar al otro, para ver lo que nos rodea, para ampliar nuestros interés por saber y conocer y desarrollar nuestra capacidad de asombro.

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